Dos días después, Ana Laura llegó al hospital con el corazón latiendo a mil. Estaba muy emocionada por ver a su hermano.
— ¡Hermanita! —gritó Diego en cuanto la vio.
El niño estaba radiante; no solo estaba feliz por salir de ese cuarto de hospital, sino porque por fin estaría de nuevo con ella.
— Hola, mi lagartija. ¿Estás listo? —le preguntó Ana Laura con una sonrisa, mientras le acariciaba el cabello—. Será un viaje un poco largo, ¿sabes?
— ¡Sí, estoy listo! Qué emoción estar cont