Cuando quedamos solos en la casa, David me ayuda a recoger las copas y lo que había quedado. Franco quiso ayudarme pero le dije que no se preocupara. Sí, podía dolerme un poco el cuerpo pero tampoco quería sentirme una inútil.
-¿Te sientes bien? -me pregunta David entrando en la cocina.
-Sí, cariño, ¿por qué? -le pregunto confundida.
-¿No te duele nada? -vuelve a preguntar.
-No, David -me estaban frustrando sus preguntas-, estoy bien.
-¿De verdad, no te duele nada? ¿Estás bien? -vuelve