―No, no, gracias. Bueno esta es su planta.
―¿No me acompañas hasta la puerta? Anda hija, ya que has sido tan amable. Con la artrosis me cuesta coger las bolsas con los dedos. ¡Mira como los tengo!
A Sonia le entraron los siete males. Le ponía nerviosa bajarse en aquel rellano, y más ahora sabiendo que Richard podía estar allí haciendo ruiditos en la habitación. Si de pronto salía por la puerta, ¿cómo iba a reaccionar? Aunque en el fondo le apetecía que sucediera para ver qué pasaba. Pero al ins