Manu, tras hablar con la madre de Sonia, se dirigió a la cocina a mirar si podía aprovechar algo de la despensa y evitar así pedir comida basura. Las opciones eran muy limitadas o más bien imposibles hasta para el más improvisador de los chefs del planeta. Sonia solo tenía en su despensa: una bolsa de patatas fritas donde ya solo quedaban migajas en el fondo, un paquete de seis bolsas de palomitas para microondas y una lata de cacahuetes con miel. En el siguiente estante había un paquete de gal