¡Dios! Me sentía en la cima. Metió dos dedos dentro de mí y me embestía con ellos mientras me besaba con decisión.
Dentro, fuera... dentro, fuera... ¡Carajo! Estaba llegando al clímax, él lo sabía, paró de besarme y sacó sus dedos. Mirándome fijamente a los ojos, metió sus dedos en mi boca y dijo:
-Chupa -hice lo que me pidió-. ¡Dios! ¡Cómo quisiera que fuera mi polla! -dijo cerrando sus ojos.
Mientras chupaba sus dedos con lentitud, fui en buscar de su pantalón. Quité el botón y bajé su cremal