-¿Por qué? -preguntó al cabo de un rato.
-¿Por qué qué? -respondí mientras la besaba en la frente.
-¿Por qué me quieres? -su tono era bajo, pero la pregunta la escuché con claridad.
-No puedo cambiar cómo me siento o saber por qué, Raquel. Solo sé que eres mi chica y que debo hacer caso a mi corazón.
Ella todavía no podía decir lo mismo. Sabía que se preocupaba por mí, pero creo que estaba convencida de que, sobre todo, no merecía el amor. Ni darlo ni recibirlo.
-Todavía no te he contado el res