l timbre de la puerta pilló a Sonia desprevenida. Acababa de llegar del trabajo y solo le había dado tiempo a quitarse las sandalias. No esperaba a nadie. Iba intentando no hacer mucho ruido para asomarse antes por la mirilla, si eran vendedores no pensaba abrir. Al ver a su vecino al otro lado de la puerta se puso nerviosa.
―Hola, perdona que te moleste, es que me han regalado estas entradas para un espectáculo flamenco y… ―no había terminado de hablar y Sonia ya le había arrancado las entrada