Un cruce muy peligroso
—Natisha, me gustas mucho, mira tú hermosa cara, esos bellos ojos, tu nariz, esa preciosa boca que es adictiva y no puedo parar de besar y tampoco quiero parar —con esa voz seductora, le susurra en los oídos y Natisha no aguanta más las ganas de devorarlo.
Ella pasa sus manos por su perfecto pecho, por sus brazos. —Eres perfecto y me gustas —le dice pegada a sus labios, mirándolo con ternura.
—Kail, mira —Shaya le señala la mesa.
—Mira, mi hermano, qué bien, no pierde el