Las Pasiones que se heredan
El viento aún acariciaba sus rostros cuando los caballos comenzaron a disminuir el paso, después de un recorrido lleno de libertad y felicidad, Kendra sentía el corazón ligero… como hacía mucho no le pasaba. —No quería que terminara —dijo con una sonrisa, aún montada.
Rowan la miró con ternura. —Podemos volver cuando quieras.
Al detenerse por completo, Rowan bajó primero de su caballo y se acercó al de ella. —Ven.
Kendra lo miró, divertida. —¿Así nomás?
Rowan sonrió.