—Voy a necesitar medio metro más de tela solo para cubrir esta enormidad. —Las manos de Elián se aferraron a sus caderas con fuerza, hasta clavarle la yema de los dedos—. ¡Cuánta carne, virgen del camino empedrado! Cuando te crezca más la panza no sé cómo vamos a hacer para meter todo eso en mis diseños.
—Marico —susurró—, no hace falta ser tan cruel con mi horrendo cuerpo.
Su amigo alzó la mano y le propinó un golpe en el trasero, dio un brinco y se alejó de él.
—¡Ojalá fuera feo! Si fuera así