No sabía qué estaba pensando él, ni quise averiguarlo. La boda ya estaba encima y mamá prácticamente me empujó al camerino para arreglarme. Mientras me maquillaban, me fue susurrando el itinerario:
—En un ratito salimos de aquí a la iglesia; William te toma del brazo, caminan al altar y, al final, intercambian anillos. Listo.
Al oír “William”, caí en cuenta de que ni siquiera sabía su nombre completo.
—Mamá, ¿cómo se llama completo William? —pregunté.
Ella parpadeó y luego soltó una risita:
—Hij