Lo miré y por un instante me quedé ida. No sabía por qué estaba allí ni por qué decía esas cosas.
—Soren, ¿qué estás diciendo? —papá reaccionó primero. Con el ceño duro llamó a seguridad—. ¡Sáquenlo de aquí!
Soren, de dos empujones, quitó a los guardias y se plantó frente a mí.
—Lyra, no me hagas esto —me miró con desesperación—. ¿Cómo te casas con otro? Eres mía. Solo mía.
Lo observé en frío, sin una sola ola por dentro. Theodore dio un paso y se colocó delante de mí, protector; le toqué el hom