El aire acondicionado me golpea la piel desnuda. Abro los ojos y el lado de la cama que daba a la ventana está helado. Alex ya se fue. Me levanto, sintiendo una punzada de vacío. Es una sensación extraña que no sé nombrar. Anoche dormí acurrucada con Superman, envuelta en seguridad, sin tener que poner límites, sin esa presión incesante de la seducción. Fue tierno, fue un refugio. Pero, ¿por qué la punzada? ¿Por qué la preocupación? Él es un hombre de sexualidad libre, y anoche se comportó como