Yo… no entendía cómo era que tan rápido todo quedó de esta manera.
Tenía el móvil en mis manos y no podía hacer que mis manos dejaran de temblar; sentía mi cuerpo entumecido y la sensación en mi boca era horrible; los escalofríos que me recorrían y los intentos porque mis lágrimas no se derramaran, porque tenía que hablar con él y no parecer la maldita víctima que él creía que yo era, que él había dicho que yo era.
¿Es… lo que siempre creyó?
—Por favor, acompáñeme. Hugo la va a recibir.
Si bien