Hugo se movía con elegancia mientras terminaba de ajustar su reloj, con la camisa blanca perfectamente planchada y el anillo de matrimonio brillando en su dedo. Desde el dormitorio llegaba el sonido de Ivanna, buscando entre los vestidos que había preparado para la ocasión.
—¡Aún no sé cuál ponerme! —gritó, con algo de risa y frustración.
Hugo entró al cuarto, apoyándose en el marco de la puerta, observándola con una sonrisa que delataba su fascinación. Ivanna estaba frente al espejo, descalza,