60. Uniéndome con la maldad
Mis pies están maltratados, y mis tobillos sangran jamás había caminado tanto, siempre tenía disponible un auto para mí, como la gran señora en la que me estaba convirtiendo, pero ahora solo soy una pobretona dentro de mí ni siquiera la casa que supuestamente me escrituraron me pertenece, solo por ser la única y absoluta heredera Cristina, su prepotencia la mandó a un mejor mundo, donde no va estorbar como un mueble mal ubicado, tocó la puerta de la casa de Manuel, él silva y me hace señas con