33. Sin aceptar la verdad
Llegó a la casa de Sebastián y mis papás están sonriendo, caminó hacia donde están ellos y me lanzo sobre los hombros de mi mamá recostandome, mientras de mis ojos caen lágrimas sin parar, ella me acarcia mi cabeza con sus manos que solo me producen consuelo, mientras mi papá me tomó de la mano.
—¿Qué sucede hija? Saliste de aquí muy feliz y mírate como estás destrozada. ¿Y Sebastián dónde está? —ella pregunta, levanto mi cabeza y la miró a su rostro.
—Habla por favor, confía en nosotros se qu