34. Sin importarme nada
Corro a mi habitación y empiezo a empacar las cosas, volteo a mirar hacía la puerta y veo de pie a Sebastián mirándome, cada cosa que guardo lo hago con la mayor rabia.
—¿Dónde vas a vivir? —él me pregunta con la voz pasmada.
—Lejos, aún no se, pero es evidente que no debo seguir aquí solo te pido que dejes a mis papas unos días más, mientras soluciono algo para ellos, aunque me cuesta tanto es lo mejor, no te voy hacer sufrir más —le habló muy arrepentida y con un dolor que apuñala mi corazón.