Punto de Vista de Judy
Selene volvió a corregirme los hombros, por cuarta vez.
—La cabeza arriba, pero sin parecer arrogante —dijo, guiándome el mentón con dos dedos—. Reclama el espacio, no lo pidas. Tu manada no puede verte como alguien débil.
Intenté obedecerla, aunque la postura me resultaba incómoda. Su método se sentía anticuado, casi rígido. No estaba segura de como reaccionaría la manada si yo “reclamaba” espacio, pero Selene hablaba con una seguridad que descolocaba; lo extraño era que