Ignoré el jadeo de mi madre y la cara enrojecida de mi padre. No quería faltarle el respeto a ninguno de ellos, pero me estaban tratando como si fuera una niña, incapaz de tomar mis propias decisiones. Pero esta era mi vida, y yo podía elegir qué hacer con ella. Siempre estaría agradecida con ellos por haberme criado desde que era una cachorra, pero ahora era tiempo de que me independizara y me convirtiera en mi propia persona.
Hasta ahora, todo lo que hacía era por ellos... en primer lugar, la