Frunció el ceño mientras me veía caminar hacia el centro de entrenamiento; había dos máquinas expendedoras justo afuera de la puerta. Una con bocadillos saludables, y la otra con aguas, Gatorades, y bebidas energéticas.
—Sabes que esas no son buenas para ti, ¿verdad? —preguntó, siguiéndome—. Además, podrías colapsar después.
Fui a agarrar mi cartera de mi bolsa para sacar algunos billetes, ignorando su advertencia. Agarré unos cuantos dólares y elegí la bebida que no sonaba horrible. Tan pronto