Las mejillas de Walter se pusieron rojas y bajó la mirada al suelo. Para salvarlo de pasar más vergüenza, me acerqué a él y puse una mano en su hombro, llamando su atención de vuelta hacia mí.
—Es muy amable de tu parte, Walter. Pero estoy bien, de verdad. Gracias de todos modos —le dije.
Él sonrió y asintió con la cabeza en respuesta.
—Voy a buscar mi asiento —me dijo Walter—. Creo que me siento junto a ti.
—Te veo allá arriba —le dije.
Asintió con la cabeza y pasó junto a mí, dirigiéndose haci