Pero en el segundo en que vi su mejilla hinchada y el corte en su labio, vi todo rojo. Familia o no, mi sobrino iba a morir por lo que le hizo.
Besarla no era parte del plan, pero ciertamente nos calmó tanto a mí como a mi lobo. En el momento en que la besé, supe que parar iba a ser casi imposible. Al principio, probé la sangre en su labio, pero luego su herida comenzó a cerrarse, y me pregunté si era su loba quien la estaba sanando, o yo...
La atraje hacia mí aún más cerca, sintiendo cada curva