Rune Montenegro
Al entrar a mi hogar, fui recibido por la alegre sinfonía de las risas de mis pequeños y mi perro corriendo detrás de mi hija. Al llegar, me deshice del saco con un suspiro de alivio, sintiendo mis pies cansados y mi mente un poco confusa por la agitación del día.
—¡Papá! — gritó Dariana
El perro se dirigió hacia mí junto a Dariana, sacando la lengua y moviendo la cola con felicidad, mientras Derrick estaba absorto en sus trenes. A pesar de ser joven, logramos obtener clases pr