A las dos y media los dos estaban frente a un grupo de chalets alejados de la ciudad, un lugar muy estratégico y mágico, eran hermosas edificaciones invitando a la discreción y al alejamiento. Apenas bajaron del auto, ella sintió una extraña emoción, Merritt fué el primero en descender e ir al encuentro de ella, abrió La Portezuelo de su coche y la tomó de la mano sin palabras y se dirigieron al interior del recinto, una vez dentro él preguntó: — ¿Qué te parece mi pequeña?— le preguntó solícito