Ella lo miró con los ojos aún mojados y llenos de ternura y le dijo:
— ¡Perdóname a mí, por favor!
— No tengo nada que perdonar amor mío— dijo él cariñoso.
Ella le ofreció nuevamente sus labios y él le dio un besó tierno y suave, luego Merritt pidió un taxi y ella salió discretamente sin que él saliera. Unos minutos después estaba conduciendo hasta su oficina con el ceño fruncido, lo que le había pasado ese día con Eleanor no volvería a pasar.
Necesitaba buscar la manera de desahogar su cuerpo