— ¿Se siente bien señora Downey?— le dijo el joven ejecutivo.
Ella lo miró y le sonrió con coquetería, no no se sentía bien, el mundo en su cabeza daba vueltas sin control, trastabilló, estaba pasada de copas, el hombre la agarró justo en el momento, en que el suelo se acercaba a su cara.
Ella nuevamente volteo a mirarlo y dijo:
— ¡Oye, tú si que eres guapo! Hmmmm y qué brazos tan fuertes, ¿abrázame, si?
La voz de ella era pastosa y torpe, él le sonrió y meneó su cabeza, había ternura en la mir