—¿P-podrías bajarme? Yo puedo caminar sola —balbuceo entre sus brazos y conteniendo un bostezo.
—Me gustaría, pero eso no será posible —al instante mi mirada se endurece y antes de que empiece a reclamarle me aclara—, no traes zapatos y no creo que te agrade la idea de andar descalza en pleno lobby del hotel, ¿cierto?
Ante su respuesta estiro mi pie y levanto mi cabeza para confirmar si sus palabras son ciertas.
—¿P-por qué me quitaste los zapatos? Lo hiciste apropósito para evitar que te pidie