97. ¡DIME LA CRUEL VERDAD!
AVA
—¡Ava, corre con tu madre mientras yo lo entretengo!
Laila me gritó saliendo de su estupefacción y abandonando el coche.
—¡No, no salgas sola, Laila!
Aunque le grité, ya era muy tarde y, por alguna extraña razón, el auto no arrancaba.
Comenzó a echar humo desde el interior del capó como si fuese a incendiarse en cualquier momento.
Me arranqué el cinturón y abrí la puerta trasera para sacar a mamá a rastras.
—Vamos, madre, coopera, ¡necesito ayudar a Laila!…
Pero en ese mismo instante, mien