67. SOLO FUE INSTINTO
GREYSON
En realidad, el temblor duró segundos, pero yo juraría que había sido una eternidad.
Solo me podía aferrar a mi hembra, sobre mi pecho, estirando las piernas para apoyarme en las paredes y pensando en qué mierd4 de casualidad era esta.
Cuando los movimientos bruscos cesaron, nos quedamos en silencio, respirando agitados, sudando y con esa maldit4 luz roja parpadeando sin cesar, haciendo esta caja más opresiva.
—Ava, ¿estás bien? —enseguida fui a levantar su rostro escondido en mi pecho.