44. ESE HOMBRE NO AMA A NADIE
NARRADORA
Entrando en pánico y con el peligro acercándose, Ava corrió intentando no hacer ruido con las zapatillas.
Los ojos de Emma la miraban gritándole en silencio, el llanto se escapaba de su mordaza húmeda por las lágrimas y la saliva.
Sabía muy bien lo que venía a continuación.
Ava se escondió entre los estantes de cajas y utensilios, llegando a la pared que buscaba desde el primer momento.
“¿Dónde estás, dónde estás? ¡Ay Diosa!”, sudaba a raudales; ya la puerta del sótano se estaba a