40. ESCÓGEME A MÍ
GREYSON
—Está… bien… —su respuesta fue baja pero firme.
Me levanté de la butaca, guiándola escaleras arriba, a los palcos reservados donde sonidos ambiguos se podían escuchar a través del ambiente oscuro y las cortinas veladas.
A esta zona no podía acceder cualquiera, sino quien pagara muy bien por privacidad.
—Adelante, Srta. Martina —le señalé el sofá en negro de la habitación con luces sutiles en rojo.
La vi dudar antes de pasar el umbral de las pesadas cortinas, no la apresuré, solo esp