32. LA CURIOSIDAD DE SAPHIR
AVA
Intentando desviarme en el aire, perdí apoyo en la pierna sobre la lona y ya iba rumbo a caerme de culo.
Pero Greyson nunca me dejaba caer, no importa si estuviésemos enojados, con desconfianzas y mentiras, él siempre me había sostenido, y esta vez no fue la excepción.
Sus brazos fuertes me estrecharon, y me recosté a sus pectorales duros y musculosos, apretando mis manos en su espalda.
Recuerdos de esa mañana, cuando lo tenía montado sobre mi cuerpo como un lobo en celo, susurrándome todas