La vida en el infierno comenzó cuando abrí los ojos, o eso intenté. La luz me quemó por dentro. Un ardor seco, punzante, como si me hubieran pasado brasas por detrás de los párpados.
Parpadeé varias veces. El techo se movía. No… yo me movía.
Un aroma a desinfectante. Uno fuerte, químico. Nada natural. Nada familiar.
Un hospital.
Intenté incorporarme, pero un dolor agudo me atravesó el costado. Un gruñido escapó de mi garganta. Unos pasos se acercaron rápidamente, y una mano grande presionó mi h