Capítulo 140. Markos
Decidí cooperar porque aquel Bersaker tatuado tenía un punto: yo no sabía una mierda del lugar.
Y escapar entre monstruos, puertas desconocidas y quién sabe cuántos pisos subterráneos podía ser una estupidez monumental.
Así que apreté los puños y lo seguí por los pasillos mientras aquellas dos cosas grotescas caminaban detrás de nosotros.
Regresamos al elevador.
Esta vez presté especial atención a lo que el Bersaker tecleaba antes de ponerlo en marcha. Sus dedos se movieron con rapidez sobre el