Capítulo 139. Markos
Entré en la tercera puerta. Aquello se parecía muchísimo a un pequeño consultorio médico humano. Había un escritorio, una camilla detrás de él y algunos aparatos repartidos por la habitación, pero nada fuera de lo común. Era limpio, frío y tan impersonal que parecía imposible que allí trabajaran con seres vivos.
Me senté sobre la camilla, tal como me había indicado el Bersaker.
Comencé a abrir y cerrar los puños una y otra vez. La presión en mi pecho seguía ahí. No desaparecía. No importaba cuá