Capítulo 69.

Me arrojaron dentro de la habitación de Markos y el portazo retumbó en mis oídos adoloridos. Quedé tendida en el suelo, incapaz de mover más que los dedos. La piedra fría se sintió casi amable comparada con las heridas que ardían por todo mi cuerpo. Respirar dolía. Pensar dolía. Existir dolía. Los pétalos sirvieron para dejar de sangrar, no para que me dejara de doler la paliza que me dió Gadiel.

La puerta volvió a abrirse y alcé la vista solo lo suficiente para ver la silueta imponente de Mark
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