Capítulo 68.

Agudicé el oído mientras me empujaban dentro. La puerta se cerró de golpe a mis espaldas, dejando un eco que rebotó por toda la oscuridad. Me quedé inmóvil, esperando escuchar pasos, respiraciones ajenas… cualquier cosa que indicara que alguien estaba allí para rematarme.

Pero no.

Solo escuché las gotas caer.

Tardé unos segundos en entender que ese sonido no venía del techo.

Era mi sangre goteando sobre la piedra.

El alivio casi me hizo caer de rodillas. Después de la pelea, del rugido de la ge
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