Capítulo 54.

Markos tomó en brazos a mi cachorra a la mañana siguiente. La acomodó contra su pecho con esa torpeza cuidadosa que ya había empezado a reconocer en él: la de un hombre que sabe pelear con garras y dientes, pero no con bebés. La cachorra bostezó apenas, ajena al hecho de que yo estaba a punto de enfrentarme a un maldito oso en la arena.

Antes del duelo, querían comprobar si estaba embarazada. Según ellos, era protocolo para saber si convenía más en este momento usarme para una camada o para la
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