Capítulo 37.
Fue como si mi rabia hubiera convertido todo en un arma: No pensé, solo actué. Fui hacia él con la boca llena de furia.
Le salté al cuello. No fue elegante ni planificado; fue un instinto caliente que me empujó a morder, a desgarrar, a hacerle sentir el mismo pánico que me habían hecho sentir a mí tantas veces.
Él dio un paso atrás con la facilidad de quien sabe esquivar golpes; su torso se inclinó, su barbilla se metió dentro del hombro para proteger la garganta. Eso me enfureció aún más: un m