Alessandra Dumont
En cuanto la pesada puerta de caoba del despacho se cierra a mi espalda, siento que las piernas me tiemblan tanto que estoy a punto de desplomarle sobre el suelo de mármol. Me apoyo contra la pared del pasillo, llevando una de mis manos directamente al pecho, justo encima del corazón, que late con una violencia tan desbocada que me genera dolor en las costillas. Respiro hondo por la boca, intentando tragar el aire frío de la mansión, pero el aroma a tabaco, whisky y el perf