Alistair Ferrero
Verla alejarse del centro de la pista no me devuelve el aire; al contrario, siento que la soga se aprieta todavía más alrededor de mi cuello. Observo desde la distancia cómo Alessandra deja de bailar con aquel chico, pero se mantiene impecable, moviéndose por el salón con una gracia gélida. Está cumpliendo al pie de la letra lo que prometió: ser la hija perfecta, la heredera refinada de la dinastía Dumont que Juliette tanto ansiaba exhibir ante sus amistades. Camina de regreso