Alessandra Dumont
El sol de la mañana se filtra por los ventanales de mi habitación, bañando el suelo de madera con una luz que, a diferencia de otras veces, no me molesta. Me despierto sola. La cama, donde hace pocas horas se libró una batalla de posesión y fuego, se siente extrañamente fría. Me incorporo, sintiendo el leve rastro de dolor físico que me recuerda cada una de sus embestidas, y me dirijo a la ducha. El agua caliente golpea mi espalda, arrastrando el cansancio, pero dejando intac