Alessandra Dumont
La mañana avanza con una calma engañosa. Mi reporte técnico fluye sobre la pantalla, pero mi concentración se ve interrumpida por un llamado al teléfono de mi cubículo. La voz de la recepcionista suena ligeramente nerviosa.
—Señorita Alessandra, disculpe la molestia, la señora Juliette Ferrero la espera en la planta baja. Insiste en verla.
— Muchas gracias, ya bajo.
Suspiro, sintiendo cómo la irritación intenta brotar, pero la obligo a esconderse tras mi máscara de serenida