Después de aquel abrazo, Alek volvió a la sala de estar y pesar de que estaba feliz de que Sarah estuviera ahí, en su departamento con él, también le preocupaba que Dmitry reaccionara de forma diferente.
Tomo el teléfono y marco el número de la oficina de Dmitry, colocó el auricular en su oído y espero a que los cuatro tonos sonaran. Primero uno, luego otro y entonces respondió su asistente.
—Oficina de presidencia. ¿En que puedo servirle?—expreso la joven con voz alegre.
—Buenas tardes. Busco c