Esa noche permanecí en mi habitación alegando no encontrarme bien debido a mi exposición al inclemente clima, pero en mi soledad, la angustia comenzó a invadir mis pensamientos creyendo que tal vez no era digna de convertirme en la reina. Estaba molesta, pero conmigo, por no poder ser lo suficientemente valiente para enfrentar mis propios problemas, necesitaba disculparme con quien habia recibido el castigo por mis errores. El viento comenzó a golpear mi ventana y su crujir fue la justificación