DALTON
El silencio que quedó en la oficina después de que Elías salió era tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Por primera vez, sentí que Lía y yo éramos una fortaleza contra el mundo. Que nada podía tocarnos, aunque el universo entero se estuviera cayendo a pedazos alrededor.
Acaricié su cabello, la sentí temblar apenas bajo mis manos, y juro que nunca había querido a nadie tan cerca de mí como en ese instante.
— No le hagas caso —. Susurré, apretando su espalda—. Elías quiere que pie