—¿Quieres desayunar conmigo?
Daniel elevó las cejas hacia la bandeja y Serena se quedó tiesa al verlo, descendiendo rápidamente sus enrojecidos ojos y aferrando sus manos a su bolso para después apresurarse a caminar hacia la cocina a pasos rápidos y con la cabeza inclinada.
—Serena, ¿a dónde vas? ¿No quieres desayunar conmigo? ¿Vas a clases?
Soltó la bandeja de pronto sobre la mesa y se apresuró a seguirla, mientras ella cruzaba rápidamente la cocina con los ojos fijos en el suelo y las manos