—Tienes que aceptar su oferta —dijo Samantha en cuanto escuchó la voz de su padre. No estaba de humor para andarse con rodeos.
Le había costado algunos días encontrar el valor para hacer aquella llamada. Había sido doloroso descubrir que su padre le había mentido. Entendía que tenía un problema, pero eso no le restaba culpa.
—Samantha, cariño, no puedes estar hablando en serio. ¿Sabes si quiera lo que me está pidiendo?
—Lo sé, me lo dijo.
—Y lo dices con tanta tranquilidad.
—Es por tu bien, est