Samantha se quedó con los pies clavados en el suelo. Quería ir tras de Giovanni, pero él había dejado claro que no estaba interesado en escucharla y no podía juzgarlo.
No iba a volverlo a ver.
Era así como debía suceder, lo había anticipado. Pero por un momento se había dejado llevar por la fantasía de que él la escucharía y entendería sus motivos.
Sintió un dolor agudo en el pecho y le costó respirar con normalidad.
—¿Estás bien? —preguntó Leticia entrando a la oficina—. Oh, cariño.
Su amig